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Por Juan Salazar
SANTO DOMINGO, RD.- Desde el pasado mes de marzo, cuando se divulgaron los primeros casos del Covid-19 en el país, la familia de Ingrid Lozano (nombre supuesto) comenzó a acatar religiosamente las restricciones a la circulación innecesaria impuestas por el gobierno para evitar contagios por el virus. 
Precisamente el 1° de marzo, Ingrid estaba con su hijo de 13 años en una clínica de la capital don

de estaba interno por una fuerte gripe agravada por sus problemas de asma, 
una condición que ella también tiene.

Cuenta que el 13 de marzo comenzaron a llevar una completa cuarenta en su apartamento del ensanche Serrallés de la capital, luego de abastecerse de alimentos y medicinas, además de que ese día regresó al país su hija que cursaba estudios en el exterior. 
El pasado sábado violaron por primera vez esas restricciones al desplazamiento, pero no por el aburrimiento que causa estar encerrados en el hogar, sino por otro enemigo que invadió su casa sin pedir permiso: La humareda provocada por un incendio en el vertedero Duquesa, ubicado en Santo Domingo Norte.
Un tormento
Ingrid, de 53 años, narra que los tormentos de la familia comenzaron el pasado miércoles cuando la capital se llenó de un humo asfixiante y hediondo que sumó otro malestar a las angustias que provoca el impacto por el nuevo coronavirus en el país. “El olor a humo me despertó en la madrugada, tosiendo, porque sufro de asma como mi hijo, aunque controlada”, cuenta la dama, quien ese día se medicó, pero al siguiente tuvo que colocar paños, toallas y camisetas húmedas en todas las ventanas de la casa. 
La familia decidió encerrarse a “cal y canto” e incluso colocaron también paños húmedos en las puertas de las habitaciones, en lo que se convirtió en otro confinamiento dentro del hogar, ya que la atribulada madre solo salía con mascarilla a la cocina para buscar agua 

y alimentos para ella y sus hijos.
La familia pudo aguantar un día más bajo esas condiciones, pero el pasado sábado la madre comprendió que había llegado el momento de abandonar la ciudad y refugiarse en la casa de su madre en la provincia San Pedro de Macorís.
“Desde el 16 de marzo no habíamos salido a la calle para nada, pero obviamente tuvimos que romper la cuarentena por la humareda”, precisó Ingrid, quien agregó que la situación se tornó tan insostenible que hasta la toalla que iba a usar para bañarse ese día estaba impregnada del hedor a humo. 
Aunque se dirigió a la casa de su madre para escapar de la humareda, la salida implicó cargar con bastante ropa, porque debido a sus problemas de asma lavan con detergente sin olor, así como medicamentos y comida especial porque su hijo ingiere alimentos sin gluten.
DRAMA
Mayor en el entorno.
Cuando la familia llegó a San Pedro de Macorís, Ingrid y su madre reflexionaron que si eso aconteció con ellos en un apartamento lejos del vertedero, como será la vida de las personas que habitan en el entorno, en casas de madera y zinc con muchas rendijas por donde el humo pasa igualito.
Caótica.
Ingrid se considera privilegiada porque cuenta con medicamentos, bombitas y nebulizadores para sus padecimientos de asma, pero dijo que personas del entorno del vertedero padecen una situación caótica porque no tienen eso al alcance u otra opción para protegerse.

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