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DEPORTES

OPINIÓN


Por Erika Pérez / estudiante de comunicación social.

De un tiempo para acá, el ser humano parece estar más interesado en aprender y acatar lo novedoso. Un ejemplo de esto serían las ínfimas informaciones que puede dar al pie de la letra cualquier individuo respecto a la prevención, estadísticas de infectados y mortandad que la pandemia del nuevo corona virus ha provocado en todos los países que ha llegado; tanto así, que de solo escucharlo pudiéramos pensar que se trata de un ente especializado en epidemiologia.

Sin embargo, existen cosas indispensables e innatas que nos diferencian de cualquier otra  especie, la cuales hemos desechado o, tal vez, olvidado por lo poco que las ponemos en práctica en nuestro diario vivir. Nos referimos, entre otras cosas, al sentimiento de “humanidad”, que se define como la capacidad de sentir afecto, comprensión o solidaridad hacia las demás personas. 

¿Será acaso que estamos tan perturbados con nuestras egocéntricas y egoístas ganas  de sobrevivir, que ni cuenta nos hemos dado de que la crisis por la que estamos atravesando solo vino a removernos el piso y probarnos a nosotros mismos, que tan arraigado tenemos este importante sentir en nuestros corazones?

Lamentablemente, debo decir que la mayor parte de nosotros no ha pasado la prueba, puesto que nuestros actos, en cierto modo, no dan cuenta de lo que pudimos haber aprendido de papá y mamá en la niñez, quienes en un gesto de amor y protección auxiliaban al vecino que acudía a ellos en busca de ayuda, por un poco de sal o azúcar.

 Producto de ésta errónea forma de proceder, me veo en la necesidad de traer a colación   momentos claves de las Sagradas Escrituras que reflejan similares conductas que como sociedad nos hacen ver como indolentes y acometedores, no solo con nuestros semejantes, sino también, con sí mismos. Por un lado, estamos los tercos que salimos de  casa y desafiamos las autoridades; sucedió lo propio con el Faraón, que a pesar de las advertencias que le daba Moisés de parte de Dios, su desobediencia fue tal que le llevó a perder, incluso, a su primogénito. 

Por otro, están algunos medios de comunicación y personas del entorno que fungen como los falsos profetas, al emitir noticias e informaciones tergiversadas que no hacen más que llevar desaliento y confundirnos, ya sea apelando a su ingenuidad o sirviéndose de chantajistas para acaparar la atención de las autoridades pertinentes y obtener beneficios particulares. 

No podemos quedarnos los escribas y fariseos, que durante todas nuestras vidas nos damos por el pecho pregonando y haciendo alardes del amor de Dios, sin embargo, en días como estos arremetemos contra aquellos que desafortunadamente forman parte de las víctimas de este terrible virus. 

Es sorprendente y hasta indignante escuchar como  maldecimos y deseamos la muerte a estos individuos, que no tienen culpa de su desdicha, así como los maestros de la ley, en aquel entonces, condenaron y crucificaron a Jesucristo. 

 “La raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe…” encajan aquí, a mi entender, aquellos comerciantes que se han aprovechado de la situación para aumentar los precios de los artículos de primera necesidad de manera exorbitante, sin tomar en cuenta la realidad económica de la mayor parte de la población.

Ciertos políticos indolentes que no acuden al llamado del prójimo más necesitado del país, podrían asumir el rol de Zaqueo, quien dio la mitad de su riqueza a los pobres de su ciudad. A todos de una manera u otra nos toca algo del pastel, puesto que también existimos aquellos que mostramos pasivos e indiferentes ante las necesidades de los demás, y no actuamos como el samaritano que se compadeció de aquel hombre que habían dejado medio muerto unos ladrones.

Al parecer, la beneficiada de esta situación hasta el momento ha sido la Tierra, que con tan solo unos pocos días de respiro ha logrado reinventarse, tras el cese de nuestro paso por ella, reduciendo considerablemente la contaminación; es por ello que hoy, la Madre Naturaleza presume aguas cristalinas y un aire purificado, en todo su esplendor.

Entre tanto, me quedaré analizando sobre cuántas más catástrofes e infortunios tendremos que enfrentar los “seres superiores” para descubrir que nuestro papel en este mundo, no es otro que el de ponernos en los zapatos de los demás, lección que solo aprendemos cuando la desgracia, entre ellas la muerte, visita nuestra casa y con ella a los seres que queremos. Tengo, pues la certeza  y la convicción de ver algún día que todos amaremos a nuestro prójimo como a nosotros mismos y recuperar esa chispa que nos hace diferentes (HUMANIDAD).

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4 comentarios:

  1. Creo que tienes toda la razón. Me pongo en lugar de las personas infectadas, como están siendo rechazadas por esa Humanidad. Ojalá tengamos tiempo de reflexionar.

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  2. Toda la razón, hemos perdido la parte humana en tal grave sentido que solo pensamos en nosotros mismos, haciendo lo que nos da la gana, en realidad debemos tomar un poco de conciencia y mirar también por los demás, pero a la vez preguntarnos ¿qué habría pasado si estuviésemos nosotros en esa situación?. Yo creo que si todos aportamos un granito de arena podemos ayudar al planeta.

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  3. La joven desde que yo la conozco muy simpática y la cariñosa, pero también muy inteligente es bueno que persona se desarrollen en el ámbito de la comunicación social como juventud hay que darle apoyo social y moral éxito para Erika Pérez

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  4. Muy cierto querida, esperemos que, con esta terrible experiencia, retomemos un poquito del sentido de la humanidad que hemos perdido. Dios cuide mucho nuestro país y el mundo.

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