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OPINIÓN


Por Wanda Méndez
La convocatoria a diálogo producto de la crisis política que se ha generado tras la suspensión de las elecciones municipales del 16 de febrero, rememora  el  diálogo nacional acontecido hace 26 años,  producto del impasse postelectoral provocado por los resultados de los comicios del 16 de mayo de 1994.
Los resultados de las elecciones de 1994, que dieron como ganador al caudillo del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), Joaquín Balaguer, a quien se le acusó de un fraude,  fue el elemento que generó la crisis poselectoral de ese año, por lo cual las fuerzas políticas concertaron una solución, a través de un diálogo  que concluyó con la firma del denominado  “pacto por  la democracia”.
El escenario que se presenta en el 2020 es muy distinto al del 1994,   pues el diálogo que apenas inicia  no cuenta con el consenso de todas las organizaciones políticas del país  y tampoco el organismo que está sirviendo de mediador ha recibido el suficiente respaldo para que lo pactado sea asumido,  sino que por el contrario, se le ha cuestionado legitimidad y credibilidad para dirigir las negociaciones.
En una alocución pública, el presidente del opositor partido Fuerza del Pueblo, y candidato a la presidencia Leonel Fernández, acusó al gobierno de obstaculizar los intentos de diálogo, porque promovía la participación de actores vinculados al oficialismo, pese a que habían considerado distintas instituciones y personalidades en jornadas de contactos.
Ese partido y fuerzas aliadas no participan en el diálogo, al considerar inapropiado que sea auspiciado por el Consejo Económico y Social (CES), por ser un organismo dependiente del Poder Ejecutivo, a pesar de que  lo preside monseñor Agripino Núñez Collado, quien fue uno de los mediadores en la crisis suscitada a raíz de los comicios de 1994.  
El CES cuenta con una directora ejecutiva, la doctora Iraima Capriles,  y 41 miembros en representación de sectores empresarial, sindical y social. Fue creado mediante el Decreto 13-05, emitido por entonces presidente Leonel Fernández, como un organismo consultivo del Poder Ejecutivo en materia económica, social e institucional.
Inicialmente, el también opositor Partido Revolucionario Moderno (PRM) no se  sumó al diálogo en la primera jornada,  en repudio a  la participación del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), principal aliado del oficialista Partido de la Liberación Dominicana (PLD),  aunque luego se integró.
Mientras tanto,  esas conversaciones para buscar salida a la crisis generada por la suspensión de las elecciones municipales del 16 de febrero de 2020, ha recibido el rechazo de los grupos de jóvenes que se han protestado en la Plaza de la Bandera y auspiciando “cacerolazos”, en reclamo de elecciones transparentes   y de una explicación de la Junta Central Electoral (JCE), órgano responsable de la organización, de las razones de la posposición. La JCE decidió suspender las elecciones ordinarias del nivel municipal el mismo 16 de febrero, y luego convocó a unas extraordinarias para el 15 de marzo.
Diálogo paralelo
Al rechazar también  al CES para dirigir el diálogo,  este  movimiento cívico, que incluso ha objetado el apoyo de  partidos políticos, ha convocado a otro diálogo  paralelo, para este viernes, proponiendo para este espacio a personalidad que consideran tienen  solvencia moral.
Todo esto ha evidenciado, que contrario a lo ocurrido en el 1994,  el diálogo del 2020  carece de consenso entre las fuerzas políticas y sociales, por lo cual no se augura mucho éxito, además de que se está desarrollando cuando apenas faltan 9 días para las elecciones extraordinarias municipales, en cuyo período  el principal interés de los partidos es buscar votos y sacar provecho particular.   
Esta vez, el diálogo también está siendo promovido por  el gobierno del presidente Danilo Medina, quien está aupando al candidato a la presidencia por el gobernante PLD, Gonzalo Castillo.
Escenario del 1994
El fraude electoral del 1994, atribuido al entonces presidente Balaguer,  no solo tronchó  el sueño del líder del  Partido Revolucionario Dominicano (PRD), José Francisco Peña Gómez,  de llegar a la Presidencia, sino que generó una crisis  política que obligó a  convocar a un diálogo, el cual concluyó con el Pacto por la Democracia.
En su informe sobre las elecciones de 1994, la Organización de Estados Americanos (OEA) estableció que “a las acusaciones de fraude se sumó la situación de polarización extrema de las dos fuerzas partidarias mayoritarias (PRD-PRSC), cuyo margen de diferencia en la votación a nivel presidencial apenas alcanzaba un 1%, que corresponde a un total de aproximadamente 30,000 votos”.
Y además, consideró que la tensión de la situación requería la intermediación de partes neutrales, por lo que la dirigencia política, tanto del PRD, como de otras organizaciones  planteaba la urgencia de un diálogo político para lograr una salida a la crisis pos electoral. En ese entonces, el PLD, que tenía como líder al profesor Juan Bosch también asumió un rol de mediación entre Balaguer y Peña Gómez.
Según se señala en ese informe de la OEA, la resolución que emitió la JCE el 2 de agosto de 1994 (58/94),  proclamando ganador de los comicios del 16 de mayo a Balaguer y a su vicepresidente Jacinto Peynado,  dio como resultado protestas en las calles.
La mediación en ese entonces fue dirigida por el embajador canadiense John Graham,  quien fungió como jefe de los observadores electorales de la Organización de Estados Americanos (OEA) para el proceso electoral de 1994, y  la intervención además de monseñor Agripino Núñez Collado, en representación de la iglesia católica.
 Había un consenso sobre la necesidad de la concertación  entre las fuerzas políticas, la iglesia, y los candidatos de los dos partidos en pugnas.

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