Slider[Style1]

Style2

NACIONALES[OneLeft]

INTERNACIONALES[OneRight]

DEPORTES

OPINIÓN


Un hecho social que lamentablemente está muy de moda en nuestro país es el feminicidio. Diana Russell, una activista y escritora feminista oriunda de Sudáfrica que ha dedicado su vida a luchar contra la violencia de género y además es promotora inicial del concepto, lo definió como «el asesinato de mujeres por hombres motivados por el odio, desprecio, placer o sentido de posesión hacia las mujeres».

Tan alarmantes pueden ser las cifras de este mal que nos ha dado tanta agua a beber, que lo último que escuché fue que en menos de 24 horas, habían muerto 4 mujeres a manos de sus parejas sentimentales. De hecho, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), nos ha acreditado la vergonzosa hazaña de ocupar el tercer lugar entre los países de la región con mayor tasa de feminicidios en los últimos años.

Yo, en tanto, soy de las que cree que una sociedad en la que se practica más el machismo que el beisbol (y hasta en ciertas ocasiones se manifiesta más entre las propias mujeres) considerarse mujer es un pecado capital. Apelando a las estadísticas, inferiremos que casi todas las victimas mortales que hoy ocupan un eslabón en ésta larga cadena, tenían en común el llevar sobres sus hombros el nefasto pecado de ser mujer.

Parece ser que estas féminas merecían la pena de muerte, porque a pesar de denunciar los constantes abusos recibidos dentro de lo que aparentaba ser su nido de amor, nuestras autoridades prefirieron hacerse de la vista gorda, convirtiéndose así en cómplices de un cobarde verdugo, que en la mayoría de los casos termina quitándose la vida también y las verdaderas mártires terminan siendo solo un número más.

Desgraciadamente, estos episodios con el pasar del tiempo solo se han convertido en la saga que narra como las mujeres de mi país después de soportar ser engañadas, maltratadas, denigradas, irrespetadas, menospreciadas y rechazadas por sus esposos, una vez que deciden liberarse su yugo opresor y emprender un nuevo camino hacia la libertad la única recompensa que reciben es ser exentas del regalo más preciado que Dios nos ha dado (la vida).

Creo, además, que esos indolentes asesinos no vieron la madre abnegada, la esposa dedicada a su hogar, la buena hija, la hermana digna de admiración, la destacada estudiante, la profesional sobresaliente, la vecina querida  pero sobre todo la compañera que estuvo a su lado en los momentos de aflicción y sequía.
Ojalá y llegue el día en que el nivel de tolerancia masculina suba unos cuantos grados y a partir de entonces no se nos vea como objetos los cuales se dejan y recogen cuando convenga, que no tenemos derecho a opinar, a tener amigos, a trabajar fuera de la casa, a usar la ropa que nos haga sentir cómodas y cortar nuestro cabello sin ser señaladas, a estudiar, pero más que nada, que tenemos  derecho a separarnos de quien no nos valoró.  

¡Soy mujer!, y orgullosa de cargar con este pecado hasta que así Dios lo quiera.

POR: ERIKA PÉREZ / ESTUDIANTE DE COMUNICACIÓN SOCIAL

















«
Siguiente
Entrada más reciente
»
Anterior
Entrada antigua

No hay comentarios:

Haga sus Comentarios

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.


Top