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OPINIÓN

Perder es un verbo que a pocos les gusta
conjugar en su diario vivir y mucho menos si se aplica directamente para el pronombre personal de la primera persona (Yo), cuando está acompañado de las palabras dinero, familiares, bienes, tiempo, memoria, entre otros. Sin embargo, todo lo contrario sucede si las palabras “libras” y “marido infiel” son las que componen el predicado de una oración, con este vocablo o expresión.

Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), perder significa: dejar de tener, o no hallar, aquello que se poseía, sea por culpa o descuido, sea por contingencia o desgracia; esta palabra se acopla a sinónimos como: desperdiciar, disipar o malgastar algo.

Algunos casos de común denominador que nos vienen a la mente  serían: el doctor Leonel Fernández, perdedor de las pasadas primarias electorales del PLD; un joven que perdió su celular al ser atracado anoche; otra mujer que perdió la vida a  manos de su pareja; los pacientes que pierden la vida en nuestro país, porque el seguro no les cubre el tratamiento de una enfermedad, etcétera.

No obstante, los individuos que tenemos un papel protagónico en cada uno de los episodios de esta telenovela llamada vida, la cual toma como escenario principal la sociedad, de forma consciente o no, perdemos cosas a diario. Esto ocurre, por ejemplo, cuando el periodista pierde su ética al no tener como norte la objetividad; el político que pierde credibilidad al no cumplir lo que prometió en campaña; la esposa que pierde el amor tras tantas infidelidades de su marido, los padres que pierden responsabilidad respecto a la crianza en valores de sus hijos; el país que pierde su democracia al violarse sus leyes; el que pierde un amigo por no serle leal. También, el ciudadano que prefiere grabar a quien sufrió un accidente, en vez de ayudarlo y  contamina el medioambiente pierde sensibilidad, así como al vender su voto, pierde su dignidad y conciencia.

Otras eventualidades que podríamos mencionar, son aquellas en las que  un individuo pierde su tolerancia por no aceptar que existen personas con diferente forma de pensar, credo, gustos musicales, orientación sexual, tipo de cabello, color de piel, ideología política, cultura y  forma de vestir.

Empero, soy de las que creen que “perdiendo, también se gana”, así como cuando perdemos orgullo para escribirle a quienes extrañamos, amor y brindas a los demás, tiempo para compartir con tus familiares y amigos.

¿Y tú, qué perdiste hoy? ¿Qué has perdido? ¿Qué estás dispuesto a perder?

POR ERIKA PÉREZ ESTUDIANTE DE COMUNICACIÓN SOCIAL

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