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Estonia se ha convertido en la excepción que confirma la regla. Generalmente, los gobiernos no son el mejor ejemplo de innovación TIC o de la aplicación de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial. Ott Velsberg, director de datos en el gobierno de Estonia, ha revolucionado el país, a sus 28 años, con la introducción de inteligencia artificial y machine learning en un plan que afecta a 1,3 millones de ciudadanos.
El gobierno estonio contrató a Velsberg el pasado agosto para encabezar un nuevo proyecto de implementación de inteligencia artificial en varios ministerios para simplificar los servicios ofrecidos a la población. Velsberg señala que utilizar la inteligencia artificial es crucial: “A algunas personas les preocupa que baje la calidad del servicio si reducimos el número de empleados. Pero el agente de inteligencia artificial nos ayudará”.
Estonia ya trabajaba en la implantación de inteligencia artificial antes de la contratación de Velsberg. Siim Sikkut, director de información de Estonia, comenzó varios proyectos piloto sobre ello en 2017. Hoy en día, Estonia ya ha implantado 13 medidas de IA en las que se sustituye a trabajadores para ser más eficientes.
El proyecto más ambicioso y polémico del país tiene que ver con la creación de “jueces robot”. El Ministerio de Estonia ha pedido a Velbsberg y a su equipo que implemente la inteligencia artificial en juicios menores, aquellos en los que hay disputas de 7.000€ o menos. La IA permitiría acelerar decenas de casos atrasados que los jueces y secretarios judiciales no pueden hacer frente actualmente.
Los “jueces robot” se encuentran todavía en una primera fase y se prevé una prueba piloto centrada en disputas contractuales a finales de año. Su aplicación funcionará de la siguiente manera: las dos partes cargarán sus documentos e información relevante del caso en una plataforma, donde la IA tomará una decisión que pueda ser apelada por un juez “humano”. El sistema todavía está en prácticas y Velsberg ha explicado que podría ajustarse según los comentarios que están recibiendo de abogados y jueces.
El país báltico es, posiblemente, el país idóneo para implantar los “jueces robot”. Estonia cuenta con una base de datos de 1,3 millones de ciudadanos con una tarjeta de identificación nacional por la cual se realizan servicios en línea, como el voto electrónico o la presentación digital de impuestos.
Las bases de datos del gobierno se conectan entre sí por un sistema llamado X-road; una infraestructura digital que facilita el intercambio de datos. Además, los propios ciudadanos pueden verificar quién ha accedido a su información si así lo desean.
En cuanto a la seguridad, Tanel Tammet, profesor de informática en la Universidad de Tecnología de Tallín, señala: “La información privada y confidencial no está en manos del gobierno, sino en los bancos y las telecomunicaciones”. Por su parte, David Engstrom (Universidad de Stanford), experto en gobernabilidad digital, explica que los ciudadanos estonios pueden confiar en el uso de los datos digitales que realiza su gobierno pero que en el futuro la situación podría cambiar “si la toma de decisiones basada en IA falla”.
Estonia no es el primer país en unificar la inteligencia artificial y la ley, aunque sí podría ser el primero en darle autoridad para tomar decisiones. En Estados Unidos, por ejemplo, los algoritmos ayudan a recomendar sentencias penales en algunos estados. El caso más conocido es el del chatbox impulsado por DoNotPay, con sede en Reino Unido, que ayudó a anular 160,000 multas de aparcamiento en Londres y Nueva York en los últimos años.

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