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En un mudo complejo, con una vida acelerada en donde todos corremos como seres desenfrenados que no tienen control, cada día es un reto culminarlo airoso y poder sentarte a reposar el trajín que nos ha dejado ese pequeño ciclo de 24 horas, pero donde realmente estamos perdiendo la batalla, que quita nuestro sueño, roba nuestro apetito, se lleva nuestra paz y nos maneja a su antojo posicionándonos en un estado de vulnerabilidad.

Estamos perdiendo la batalla por estar compitiendo, por querer parecernos a alguien que somos, porque querer pretender mostrar al mundo quienes no somos, por querer llevar un estilo de vida con un nivel de vida social y material que no podemos sostener, estamos perdiendo la batalla en la deshumanización en la inversión total en nuestros valores, cultura, credo, costumbres y en olvidar el legado de las generaciones que nos han antecedido.

Vamos perdiendo  porque todos queremos ir a la misma velocidad, porque de alguna manera nos hemos vuelto infieles, no solo en el aspecto marital sino en quienes somos, en lo que hemos sido concebidos, porque hoy somos títeres de la ciencia, de los políticos, de la llamada clase alta o burguesía, porque hemos alzado nuestros ojos a cosas vanas, porque tenemos una caja llena de lujos pero estamos vacíos y eso no nos permite disfrutarlo, porque somos infelices.

Estamos perdiendo la batalla, porque tenemos un concepto equivoca de la plenitud (Estado de una cosa o persona que ha alcanzado su momento de máxima perfección o desarrollo), porque al creer que lo hemos logrado todo nos hemos vuelto ególatras (hemos hecho un dios de nuestro ego), intemperantes, defraudando al prójimo, estamos perdiendo la batalla cuando alguien no comparte mi visión o apreciación de las cosas y nos ensañamos contra esa persona,  por estar en desacuerdo con nosotros.

Estamos perdiendo la batalla, porque estamos formando a una generación que está consiguiendo las cosas con muy poco esfuerzo, porque nuestros hijos están siendo educados más por las redes sociales y la tecnología en general, que por papa y mama en la casa, porque hemos olvidado de ser modelos dignos de imitar por nuestros vástagos, por estar en la vida social, porque no respetamos las leyes, porque nos pasamos la luz en rojo, porque le quitamos el derecho al que lo tiene.

Estamos perdiendo la batalla, porque hoy nuestros parques en San Juan son discotecas, moteles y espacios de consumo de sustancias controladas y que decir de moteles, porque no hay como recrearse casi en ningún lugar de esta ciudad, hemos perdido la batalla porque ni aun en tu propia casa puedes descansar debido al vecino que cree que vive solo y como está en su casa puede hacer todo el escándalo que quiera y hasta la hora que lo dese.

Estamos perdiendo la batalla, en la educación sexual de nuestros hijos, en la manera en como los vestimos, padres que han sexualizado y adulterado a sus hijos a destiempo en su formación, en las indumentarias que les ponen físicamente, por la competencia de popularidad y el deseo de grandeza y de ser reconocido que tiene el ser humano, porque buscamos llenar esos espacios y ciclos inconclusos en nuestras vidas, de una manera poco sana e irregular, muchas veces en el sexo, drogas, alcohol u otro distractor.

 Estamos perdiendo la batalla, porque queremos planificar tanto la vida, las metas a lograr y nuestras apetencias personales, que olvidamos cuan frágiles somos, estamos perdiendo porque hemos sacado a Dios de nuestras vidas, planes, proyectos y porque no de alguna manera hasta de nuestras vidas y hemos hecho del mundo y sus deseo un dios o nuestro dios y a Él (Dios) solo lo mencionamos cuando estamos en apuros y para lo que nos conviene, muchos de manera irrespetuosa lo llaman: energía positiva, buena vibra, energía limpia y pura, aura positiva, fuerza poderosa , entre otras, aclarando que todas estas expresiones están conectadas al ocultismo, la santería, la brujería, y todo tipo de magia, etc.

1 Juan 2:17 El mundo y sus deseos pasan; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Isaías 5:20-21
20!!Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo. 21!!Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!

Jorge Wilian Díaz Pérez M.A, es el actual encargado de intervención del Centro de atención integral para la discapacidad CAID, San Juan y Además es pastor evangélico de la iglesia Asamblea de Dios “Cristo el camino de luz” en el mirador norte, detrás del campito, próximo a la unidad de atención primaria del sector.

Facebook: Jorge Wilian Diaz Pérez
E-mail.elministrojoven@hotmail.com
 Jorge Wilian Díaz Pérez M.A, está ofreciendo sus servicios privados en consultorios médicos del Valle, que son: violencia intrafamiliar, intervención en crisis, manejo de duelo, terapia sexual manejo de conflictos, terapia familiar, asistencia pre- matrimonial y matrimonial, asistencia para adolescentes y algo más... Lunes, miércoles y viernes a partir de las 4:00 de la tarde.
 C/ Capotillo # 109 detrás del padre Guido al lado de repuesto elector Víctor, teléfono: tel. 809-794-0214.


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