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OPINIÓN

Tarde o temprano, habrá que abocarse a una revisión de todo el sistema penitenciario con la finalidad de evitar el alto nivel de congestionamiento de nuestras cárceles, especialmente de presos preventivos que pasan meses y meses esperando juicio.
Sería una transformación que involucre, necesariamente, una reforma del código para definir los tipos de delitos que ameritan sanciones penales, como piensan hacer ahora los Estados Unidos para despejar sus cárceles, que ya no aguantan más presos en esas instalaciones.
Aquí tenemos una población de presos de más de 26,000 que no caben en las cárceles. Por eso están hacinadas y son fuentes de insalubridad y de negocios turbios. En tal estado, no es posible viabilizar un proceso de educación para la reinserción en la sociedad.
Por lo menos ya la Procuraduría General de la República dará en enero los primeros pasos hacia una “humanización” del sistema carcelario, con la construcción de ocho obras que conllevan ampliación de cárceles y nuevas edificaciones para la futura “Ciudad Penitenciaria”, que sustituya la de La Victoria.
Esto permitirá una relocalización de presos de aquellas cárceles que, como La Victoria, están sobrepobladas. Y, en paralelo, un mejoramiento de las condiciones de internamiento de los condenados y presos preventivos, que incluyen talleres y fábricas para que produzcan sus propios ingresos.
El procurador Jean Alain Rodríguez sabe que está lidiando con un problema complejo, pues aquí operan dos sistemas, uno llamado nuevo modelo y otro tradicional, el primero más a tono con el concepto humanista y el viejo, un puro infierno en la Tierra.

Editorial Listin Diario.

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